miércoles, 27 de septiembre de 2017

Amar para Ser Libres


Por: Psic. José Daniel Estrada Navarro - Irapuato, México

La vida nos ama tanto, que nos dio la oportunidad de vivirla, de disfrutarla, de sonreír con ella y de reclamarle solo cuando sea justo y necesario.
¿Pero en qué momento dejamos de sentirnos libres?, ¿en qué momento nos volvimos esclavos de nosotros mismos? La respuesta es muy sencilla, uno pierde la libertad justo en el momento en que dejamos de hacer todas aquellas cosas que tanto nos apasionan, todo aquello que disfrutábamos y todos aquellos momentos donde con una sonrisa le mostrábamos al mundo lo felices que éramos, sin importar la edad, ni lo mucho o poco que podíamos tener a nuestro alrededor, porque lo que hacíamos en ese preciso momento lo describíamos con la palabra amor, amábamos tanto cada momento lo cual nos permitía ser libres en la vida… dibujar, cantar, bailar, cocinar, viajar, leer, ir al cine con los amigos, ver un atardecer, ir a un recital de tu banda favorita, mirar las estrellas, aun sabiendo que ellas nos miraban a nosotros desde mucho antes, pero… ¿Qué fue lo que paso?, ¿en qué momento dejamos de sentirnos libres? Cambiamos una sonrisa por estrés laboral, cambiamos un atardecer por ocho horas de trabajo diarias, y si es necesario trabajar, pero hay que trabajar para poder vivir, no vivir para trabajar.

Nunca es tarde para darle vuelta a la página de tu propio libro e iniciar un capitulo nuevo, una aventura más. Que no te de miedo lo que vaya a decir la gente, al contrario, demuestra que tu miedo lo has vencido y te ha fortalecido en todos los aspectos, y que esas fortalezas que has adquirido te han permitido abrir tu mente y tu corazón, para volver hacer todo aquello que tanto amabas y que anhelabas, todos aquellos sueños y proyectos que fueron interrumpidos por distintas causas, pero sobretodo volver hacer aquellas cosas que nos hacen sentir vivos, que nos hacen sentir presentes en este hermoso hogar al que llamamos tierra. Ama y se libre, y como dijo alguna vez Charles Chaplin, “Un día sin risa, es un día perdido”.

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